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lunes, 9 de enero de 2012

La tentación de la i-manzana





La manzana es un símbolo que aparece en la leyendas mitológicas e incluso en los cuentos de algunos países.



Así resulta algo normal ver cómo Heracles, provisto de un garrote, roba las manzanas del jardín de las Hespérides en presencia de éstas. Las manzanas que crecían en el huerto de Hera otorgaban la inmortalidad. O cómo Paris decide que la manzana dorada le corresponde a Afrodita porque le ofreció el amor de la hermosa Helena.

Algo similar ocurre en la mitología nórdica, en la que las manzanas igualmente conceden la inmortalidad. También aparecen estas codiciadas frutas en la famosa opera de Wagner El oro del Rin.

Muchos cuentos europeos comienzan con el robo de una manzana dorada al rey. Por ejemplo Blancanieves es tentada con una reluciente manzana, al igual que Eva en el Edén.



Queda claro, de esta forma, que el logo que eligió Steve Jobs para su compañía no fue al azar, ni por su estética si no más bien por su contenido mitológico (es una tentación hasta para el más puro de los mortales).

A un lado quedan, cuando pensamos en un aparato tecnológico de "in"-comunicación, la cadena de suicidios que se está produciendo en la empresa Foxconn (encargada de fabricar los componentes de la mayoría de los móviles) y las condiciones de explotación bajo las que trabajan los empleados de esta fábrica (con 420000 empleados que viven en la misma fábrica ubicada en Shenzhen, al sur de China) o en las factorías que Apple tiene por todo Oriente.



Cuando la suculenta manzana se nos pone delante, no podemos resistirnos a su don de la inmortalidad y acabamos sucumbiendo a la tentación de darle un envenenado bocado que nos esclavizará hasta la eternidad.



Debo finalizar el artículo porque acabo de escuchar el reclamo de mi i-phone.

2 comentarios:

  1. Creo que en occidente andamos todos envenenados y ciegos. Es un horror

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  2. Sí, es una horrible herencia de la que no acabamos de decodificarnos, Anita. Aunque prefiero seguir intentando la desprogramación genética de ese triste legado.

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