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miércoles, 11 de abril de 2012

Me desvanezco





Me desvanezco. No es un sentimiento ni un estado de ánimo. Es simplemente la constatación de un hecho físico. Algo que empezó a ocurrir hace ya algún tiempo aunque nadie reparó en ello. No debería de extrañarme que esto esté ocurriendo puesto que siempre lo deseé. Tampoco a nadie sorprenderá mi desaparición. Desaparición digo, aunque no es exactamente eso. Más bien me he desatomizado. Sigo existiendo, pero nadie repara en mi existencia. En definitiva me he vuelto invisible. Asisto, como Wakefield, a la extrañeza de mi esposa al no verme aparecer por casa. Yo permanezco en silencio, al principio para averiguar cuánto me echa de menos, luego como un juego y finalmente porque ya no podría ser de otra forma. La acompaño por la casa, la veo desnudarse, ducharse, comer, acostarse, etc. Cuando está dormida observo cómo hincha su pecho con la respiración y me tumbo a su lado feliz. ¡Cuánto la amo!
No entiende cómo pude desaparecer sin una palabra o una nota; no me porté bien, aunque eso no es cierto porque yo nunca desaparecí.
Pasan los meses y los años y yo me he acostumbrado a vagar por la casa sin que ella note mi presencia. No me extraño el día que aparece con un amigo que finalmente acaba convirtiéndose en su marido. Tan solo me siento afectado y con un miedo atenazador el día que les escucho comentar algo sobre la posibilidad de cambiar de casa. Eso no puede ocurrir. Yo no puedo abandonar mi hogar. Y ella tampoco. Decido hacerme presente, demostrarle que todavía existo, que siempre lo he hecho y que nunca la he abandonado como ella cree, así que en cuanto se queda sola me abalanzo sobre ella dispuesto a poner las cosas en su sitio. Las palabras no salen de mi boca por más que yo lo intento y mis manos atraviesan su cuerpo sin poder asirlo. El pánico que, repentinamente, se adueña de mí me hace perder el conocimiento. Cuando lo recupero no sé el tiempo que ha transcurrido, pero por más que la busco no la encuentro. Creo que me ha abandonado. Pienso en quitarme la vida, pero nada de lo que pruebo funciona, así que me tumbo en la cama decidido a esperar que algo emocionante ocurra en mi vida antes de que acabe de desvanecerme por completo.

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