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miércoles, 18 de abril de 2012

Hoy he soñado...

Hoy me he despertado con la intención de cumplir algo que llevo soñando hace mucho tiempo. Me siento más animado que nunca. Literalmente salto de la cama y me coloco frente al armario ropero para decidir qué indumentaria es la más apropiada para la ocasión. No suelo levantarme de esta forma, por lo que hasta yo mismo me encuentro sorprendido. Al mirar dentro del armario no dudo ni un instante. Elijo unos pantalones grises, una camiseta también gris que marca claramente mis nada estilizados michelines, una americana negra con chaleco a juego, botas azules oscuras con guantes y gorro del mismo tejido y color. Necesito algo rojo que combine, así que me enrollo un pañuelo alrededor del cuello dejando caer sus extremos sobre la chaqueta. Creo que no me falta ningún detalle, por lo que me siento preparado para cumplir con mi cometido. Estoy exultante, a la vez que nervioso. ¿Estaré a la altura de las circunstancias? Conforme voy bajando las escaleras que me conducen a la calle me hincho de un aire que me hace parecer aún más grande. Abro el enorme portón de hierro forjado, sin apenas esfuerzo, y, con pasos decididos, me dirijo hacia ese deseado encuentro. Allá a lo lejos le veo. Él lleva su característico envoltorio azul con un casco que le protege toda la cabeza. Se encuentra en medio de un paso de cebra gesticulando sin descanso. Me acerco, decidido, a él y en cuanto me encuentro a su alcance le propino un tremendo puñetazo en la barriga a la voz de ¡Puños fuera!¡Mazinger ya está aquí! El policía se cae de bruces al suelo ante el "ay" generalizado de todos los que se encontraban cruzando por el paso de peatones. Echa sus manos a los dos lados de la cintura y se levanta con un impulso, que le planta delante de mi cara, amenazándome con la porra y la pistola. Yo decido salir volando, así que me acuclillo, levanto los dos brazos y río a la vez que me doy un fuerte impulso para huir por los aires. No consigo levantarme más de veinte centímetros del suelo y antes de volver a poner los pies en él recibo un fuerte impacto en mi cara. Al despertar me encuentro rodeado por un par de policías en la comisaría. Deciden dejarme un momento sólo mientras piensan qué hacer conmigo. Yo comienzo a escribir sobre sus papeles las frases que ahora mismo estás leyendo, para no olvidar el sueño. Me palpita toda la cabeza. El golpe que me dio en la boca con su herramienta de trabajo, a parte de saltarme un par de piezas dentales, me recuerda que los sueños sueños son.

2 comentarios:

  1. El problema lo tendré yo como un día me de por soñar que soy Afrodita A y grito a tuttiplen aquello de "pechos fuera". Muy gracioso. Bss

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    1. Es una posibilidad Anita. Te aseguro que se sorprenderían, eso por lo menos. ;)

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