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jueves, 2 de junio de 2011

Que les corten la cabeza





La figura del conciliador está convirtiéndose en muy común en diversas organizaciones. Existe el conciliador matrimonial, el conciliador vecinal, el conciliador docente, el de inmigración... Es una figura muy útil que gana fuerza en esta sociedad actual tan desapaciguada.


El objetivo de estos personajes es evitar, como se suele decir "que la sangre llegue al río".


Siempre que existe un conflicto, para que su resolución sea pacífica y estable, deben estar dispuestas a ceder las dos partes, pese a que ambas entiendan que su razón lo es más que la del vecino. Cuando únicamente cede uno de los afectados, se produce un desajuste que volverá a recrudecer el conflicto con el paso del tiempo ( a las pruebas me remito: Israel/Palestina, Marruecos/ Sáhara).


Aquí es donde el conciliador es más importante. Intenta mostrar a cada una de las partes la verdad de la otra y la importancia de un acuerdo estable.


Sin embargo, no existe esta figura en temas tan importantes como: desahuciados (personas que no pueden pagar su hipoteca por mil razones que no viene al caso comentar) y desahuciador (banqueros, financieras, los que se esconden bajo el vocablo de mercado). Tampoco existe conciliador entre intereses de naciones. Y de esta forma la más fuerte se suele comer a la más pequeña, generando una injusticia que con el tiempo aflorará.


Y aquí es donde quería llegar... a los pepinos.


¿Dónde está el conciliador que evite que la Sra Angela Merkel decida (con su mutismo) que la bacteria la han introducido los sucios de los españoles?


¿Por qué, como siempre, los damnificados son los que menos tienen, los más débiles? Me viene a la cabeza la imagen de los agricultores tirando toneladas de verdura.


¿Dónde está la presunción de inocencia? esa que tanto se reclamó y que tantas bocas llenó (al asegurar que en Europa no crucificamos antes de tener pruebas) al hablar del caso de Strauss-Kahn.


¿Qué diremos ahora de los pobres pepinos? esos a los que alguien les ha echado la mierda encima (nunca mejor dicho, pese a su vulgaridad)


Está claro, como diría la Reina de corazones de la popular y magnifica novela de Lewis Carroll: "Que les corten la cabeza"

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