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lunes, 17 de diciembre de 2012

Un caso muy real (II)


Volvió a pasar y ya van dos. El ayuntamiento está de suerte, nosotros también. Nuevamente se cayó un techo en el colegio Luis Vives; nuevamente ocurrió por la noche. Cómo es posible que, después de realizar una inspección profunda tras el primer derrumbe, haya vuelto a ocurrir. Quién es el responsable. Qué se puede hacer, nos preguntamos los padres. Todos los martes cortamos la calle Cuenca; protestamos, junto a nuestros hijos, por una educación ya no digna si no segura. Las aulas se van precintando conforme la escayola cubre los pupitres, ahora el baño se encuentra también cubierto de placas y polvo blanco. Mientras esto ocurre los políticos siguen engordando sus posaderas reposadas en los mullidos asientos de esos despachos que creen suyos. Con solo imaginar que la sufrida estadística hubiese jugado sus cartas de otra forma me pongo a temblar. Qué no hubiese hecho un padre si el resultado del desplome hubiese acabado de otra forma que no es necesario que se explique. Quién hubiese contenido su ira ante el político que, esta vez sí, acudiría con su afligido gesto a ser fotografiado mientras declara las inmediatas intenciones del organismo al que representa. Creo que olvidan que no representan un organismo si no a los ciudadanos. Y son estas últimas palabras las que más vértigo me dan: representan a los ciudadanos. Así que mi pregunta podría haber sido otra: ¿qué clase de ciudadanos somos?

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