Páginas

lunes, 23 de mayo de 2011

Estoy harto del Yoísmo





He esperado a que acabara el recuento de votos para escribir el artículo, no me pregunten por qué.
Claro, primero tendría que comentar qué entiendo por yoísmo. Otros podrían definirlo como egoísmo, pero caben más acepciones: vanidad, codicia, egolatría, pretensión y la que más me gusta narcisismo.
La sociedad es como una metáfora del mito griego de Narciso: Narciso, que era hijo de la ninfa azul Liríope, sentía un obstinado orgullo de su propia belleza que le hacía rechazar a todos los pretendientes que tuviese. Entre esos pretendientes (amantes) estaba la ninfa Eco que sólo podía hacer uso de su voz para repetir tontamente los gritos de otros. Narciso abandonó a Eco que pasó el resto de su vida en cañadas solitarias, consumiéndose de amor y mortificada, hasta que sólo quedó su voz. Los dioses castigaron a Narciso por el daño causado a su amante Aminias. Le hicieron enamorarse perdídamente, negándole que pudiera consumar su amor. Él se enamoró de su propio reflejo en un lago. Y cuando se dio cuenta que era él mismo se quedó horas tendido frente a su imagen, embelesado. Aunque Eco nunca perdonó a Narciso, compartió su dolor y repitió compasivamente sus "¡Ay! ¡Ay!" mientras se clavaba una daga en el pecho, y también el "Ah, joven amado en vano, adiós", cuando expiró.
No existe ninguna posibilidad de cambio mientras no nos preocupemos tanto de los problemas de quienes nos rodean como por los nuestros.
Si únicamente queremos cambiar lo que nos afecta a nosotros mismos, no existe un verdadero motivo de cambio. Estamos destinados a vernos reflejados eternamente, escuchando el suspiro del eco que repite nuestros lamentos vacuos, esperando que expiremos.
Mientras me miro en el espejo depositaré mi esperanza en la generación venidera...

domingo, 15 de mayo de 2011

Muerte Digna



El consejo de ministros aprueba el viernes 13 de mayo la ley de muerte digna, con la que pretende (sí, pretende) aclarar los derechos de los pacientes aquejados de una enfermedad en estado terminal.La norma reconoce el derecho del paciente a renunciar a un tratamiento médico y el uso de sedaciones terminales, pese a que aceleren la muerte y se acorte la agonía, claro.

Actualmente los derechos del paciente los contemplaba la ley de autonomía del paciente de 2002.La ley propuesta no se concibe para que regule la eutanasia, ni la ayuda necesaria al suicidio, sólo pretende aliviar el sufrimiento cuando ya no haya esperanza.



Y claro, me pregunto yo: ¿Qué diferencia hay entre el aborto y la eutanasia?

En principio se me ocurre una clara: El enfermo terminal puede decidir por sí mismo, mientras que el niño (el feto) no. Así que el resultado lógico de esto sería que la eutanasia estuviese permitida mientras que no fuese así con el aborto. Pues no, todo lo contrario; si un enfermo terminal quiere acabar con su vida, no puede hacerlo. Y no puede porque su estado le lleva a no poderse suministrar él mismo la ayuda necesaria para acabar con su propia vida (vamos un inyectable o unas pastillas).

Lo cual me lleva a pensar que antes de llegar a ese estado (si es posible), la mejor manera de acabar sería dar un salto infinito desde lo alto de Iguazú.

lunes, 9 de mayo de 2011

PALABRA DE DIOS




Y por obra de Dios y con la inestimable ayuda de Benedicto XVI (de bien nacidos es ser agradecidos), llegó la beatificación exprés de Juan Pablo II (en adelante Jotapé), el mismo Jotapé que fue tildado, por integrantes progresistas de la iglesia, como intolerante y autoritario.
Y digo exprés porque es la primera vez en la historia de las beatificaciones que un Papa lo hace con su antecesor (beatificarlo, quiero decir).
Recordemos que los cuatro escalones de la canonización son: siervo de Dios, venerable, beato y santo. Para los dos primeros poco hace falta, ser una persona pía en su fe y haber tenido una vida conforme al evangelio. No así para los otros dos en los que ya hace falta algún que otro milagrito.
Es un alivio saber que el milagro en cuestión no lo realiza el futuro santo (sería para ponerse a temblar) sino que lo hace Dios en su nombre, o en su memoria ya que el milagro debe realizarse cuando el santificable ya está muerto.
El proceso debe ser como sigue: alguna persona enferma debe sanar milagrósamente y además testificar que lo ha hecho pidiendo previamente su sanación al muerto. Una vez confirmado todo esto ya tenemos milagro y por ende beato. No debe ser tan fácil porque fueron necesarios doscientos casos hasta encontrar a la hermana Marie Simon, aquejada de Parkinson, que sanó inexplicáblemente para la ciencia.
Y es que la beatificación de Jotapé, cuanto menos ha sido polémica por varias razones: la primera por la forma infalible de conducir a los teólogos que disentían del magisterio eclesiástico y la segunda por la complicidad, amparada en el silencio, que demostró con los casos de pederastia que salpicaban a la Iglesia (recordemos el caso de los legionarios de Cristo y de su fundador y amigo de Jotapé, Marcial Maciel).
El camino hacia la santificación es imparable. Cuando se encuentre un nuevo milagro que acontezca una vez beatificado, osea a partir del 1 de Mayo de 2011, ya tendremos nuevo santo: San Jotapé.
Para no ser del todo injusto, tendría que decir que algo sí que hizo bien Juan Pablo II, y esto fue pedir disculpas por la injusticia cometida con Galileo Galilei allá por 1633.