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martes, 12 de enero de 2016

SIMETRÍA

die ideale Wirklichkeit. Piet Mondrian

Por alguna razón que desconozco la simetría me da tranquilidad, me apacigua. Pero no cualquier simetría, concretamente aquellas que se basan en líneas horizontales y verticales dispuestas en las tres dimensiones del espacio. No aceptar, al igual que Mondrian, las diagonales.
Es por esta razón que durante mi vida he ido reproduciendo los comportamientos en paralelo y realizando justo lo contrario, confiriéndole entre una y otra vez un ajuste hacia la rectitud. Todas las mujeres que han estado conmigo me han dejado por esa misma razón. He asumido, con el tiempo, que se trata de algo inevitable. Ya no me tortura saber que también las simetrías tienen un final. Dijo Theo van Doesburg que la palabra y el sentido solo pueden profundizarse por medio de situarlas directamente al lado de sus opuestos. Las leyes universales que gobiernan la realidad visible se encuentran escondidas en las apariencias externas.
También mi escritura, en ese sentido, es tan visible como previsible. Nadie que haya seguido mi trabajo se puede ver sorprendido, más bien se sentiría decepcionado. Al igual que todas esas ex que un día supieron que lo sabían todo de mí, que ya no quedaba un minúsculo hueco entre rayas para la sorpresa. Sin embargo me resulta aterrador tan siquiera imaginar que esta escritura no esconde rincones redondeados, vericuetos inalcanzables. Solo pensar en la falsedad de la simetría me produce pánico. No estoy preparado para asumir que siempre he andado en la dirección opuesta. Llegado a este punto no me da tiempo a desandar todo el camino. Resulta más gratificante pensar que he ido construyendo algo que, aunque arquitectónicamente perfecto, no es comprendido. Es demasiado tarde para comenzar de nuevo.

Precisamente debido a las simetrías, aunque se me acuse de ser solitario, he sido incapaz de estar solo; siempre he necesitado a alguien a mi lado que elimine la negritud de mi sombra –una línea paralela a la mía–. En ese paralelismo ha estado parte del problema, quizá nunca he sabido hacer entender la idea de no aproximar demasiado esas líneas paralelas para que no se confundan. Se me ha acusado muchas veces de insensible, de no involucrarme, de ser inmisericorde con el lector cuando es precisamente lo contrario. La aproximación de las rayas presenta una inevitable finitud, mientras que el paralelismo te lleva al infinito, a la inmortalidad y ¿no es eso lo que buscan todos los escritores, la inmortalidad?

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