Este viernes a las 20:30h en el prestigioso espacio Le petit Canibaal (C/Puerto Rico 22, Valencia) tendrá lugar la presentación del esperado nº 3 de la revista Canibaal, con una edición limitada de coleccionista con reproducciones de dibujos inéditos de Picabia, obra de Carmen Calvo, carta inédita de Cruzeiro Seixas a J.C. Valera, obra de Graham Bell Tornado, imagen de la revista infrarrealista de Bruno Montané y Bolaño "Rimabaud, vuelve a casa", etc
martes, 8 de julio de 2014
lunes, 30 de diciembre de 2013
Comida de Navidad
El clima estaba desapacible, demasiado frío para esa época
del año. Además había olvidado el paraguas y la fina lluvia que caía sin
interrupción desde la noche anterior ya había mojado su pelo y humedecido su
cazadora de lana.
-Odio esté tipo de acontecimientos- pensó mientras se subía
al tren de cercanías que le llevaría hasta el lugar de reunión. Por suerte en
el vagón se estaba caliente, aunque el olor de los pasajeros que, traídos de
los pueblos vecinos, habían llegado a la capital junto con la humedad reinante
convertían el ambiente en irrespirable. Sacó un libro de Topor de su bolso y
comenzó a leerlo. Le ponía nervioso la tibieza con la que Trelkovsky afrontaba
cada una de las situaciones. Trelkovsky detestaba, por encima de todo, las complicaciones,
igual que él, así que la comida familiar, acontecimiento alterador de su
carácter poco problemático, únicamente podía traerle quebraderos de cabeza. -No
debería ir- repetía en voz baja cada vez que el tren dejaba atrás una estación.
Estuvo tentado de bajarse en cualquiera de ellas, pero a su carácter poco
problemático se le juntaba una especie de cobardía infantil, poco propia para
un hombre soltero de más de cuarenta años, que le impedía tomar decisiones
valientes. Sí, cada vez se veía más como Trelkovsky. El tren aminoró su marcha
a la entrada de la estación de la ciudad que le vio nacer. Se atusó un poco el
cabello, que debido a la humedad potenciaba el aspecto grasiento habitual, y
descendió los dos escalones que lo depositaban en el andén número tres. Subió
las escaleras mecánicas, alegrándose de los adelantos tecnológicos que le
permitían permanecer más apático ante la
vida, y al salir a la calle descubrió que el cielo estaba despejado por
lo que el olor rancio de la chaqueta de lana -pensó- desaparecería en el
trayecto hasta la casa de la abuela. Conforme se iba acercando se le agriaba el
humor; la acidez estomacal le llegaba hasta la garganta provocando una quemazón
que tendría que sofocar. Cada vez que tenía que ver a su familia le ocurría lo
mismo. Se entretuvo lo suficiente por el camino como para llegar el último como
siempre. Únicamente le hicieron falta un par de paradas en dos bares en los que
se tomó una cerveza y una copa de anís. Llegó un poco mareado puesto que no
estaba acostumbrado a mezclar cerveza con licor antes del mediodía. Llamó al
timbre y la melodía de Bach con tono
campanillero le provocó risa, así que cuando una enorme masa de naftalina con
forma de tía-abuela Remedios con reminiscencias godzillianas abrió la puerta ya
estaba carcajeándose. Le debió parecer un tremendo estúpido.
-Ramón, dichosos los ojos, ¿qué haces tú aquí?- dijo sin
que pudiera dejar de reír. Debió contestarle que qué hacía ella allí, porque
era la primera vez que iba a la comida de Navidad desde que él tenía uso de
razón, pero antes de poder articular palabra continuó -¿vienes solo?. Pensaban
que no ibas a venir. Cada vez te pareces más al abuelo Camilo. ¿Tú no serás de
esos que sólo bebe y escribe? Antes de que pudiera responder ya estaba
nuevamente hablando, así que se limitó a seguirla por el tenebroso pasillo
-pero sigue, sigue, no te pares, ¿estás cojo? Te veo envejecido, seguro que tu
abuela piensa como yo, siempre hemos sido muy afines.
La abuela estaba depositada en el sillón orejero en el que siempre
se había sentado el abuelo. Él sí que fue inteligente al abandonar a la familia
hacía veinticinco años; desde ese día la abuela tomó dos decisiones: que había
muerto y ocupar su sillón.
-Hola abuela, ¿cómo estás?
-Aquí estamos- contestó; pese a que había decidido matar a
su marido (figuradamente), siempre hablaba en plural. Le dio dos besos. -¡Cómo
hueles a alcohol! Cada vez te pareces más al abuelo.
Esa frase le hizo abrir mucho los ojos sin dejar de reír.
-Sí, sí, cada vez se parece más al papá- añadió su madre
con cierto reproche por haber perdido el contacto con él.
-Abuela, enséñanos una foto del abuelo- dijeron las gemelas
(hijas ilegítimas de su hermano, puesto que era impotente y él se había negado
a donar su semen creando un conflicto familiar). -Es igual- dijo la de las
coletas con los lazos rosas. -Qué feo- añadió la de los lazos azules.
Y él a carcajada limpia y casi retorciéndose de dolor se
acercó a la cocina para abrirse una cerveza que bebió de un trago. A la vuelta
le dijo a su hermano que le sirviese una copa de vino:
-Hermano, ponme una copa de vino, o mejor, ponme una
cazalla de esas que toma la abuela.
-¡Que yo no bebo cazalla!, son de cuando vivía el abuelo.
Se encontraba en un punto de no retorno; en cuanto decían
algo comenzaba a reír. Le dolía tanto la mandíbula que tenía que sujetarla con
la mano realizando un ligero masaje con los dedos índice y pulgar.
-Todos a la mesa, el pavo ya está listo- gritó desde la
cocina la tía-abuela Remedios.
Decidió sentarse junto a su cuñada ya que aunque pensaba
que era idiota estaba muy buena. Como siempre llevaba una minifalda muy corta
que hacía que desviase constantemente la mirada a su entrepierna. Su hermano se
daba cuenta de ello y eso le daba más satisfacción. Pensó que ese debía ser el año
en el que se decidiría a meterle mano, seguro que ella, por cortesía, no diría
nada. Una vez estuvieron todos sentados, la abuela cogió la mesa y la acercó a
su silla de un tirón haciendo que la mitad de las copas cayesen al suelo.
¡Abuela! Dijeron todos al unísono mientras las gemelas reían y él aprovechaba
para rellenarse la copa hasta los bordes con licor.
-¿Qué ha hecho mi hermana? Hacedme sitio que voy con el
pavo.
Su hermano propinó un bofetón a cada una de las gemelas por
haberse reído de la abuela y éstas
huyeron despavoridas hacia el pasillo tropezando con la tía-abuela Remedios que
andaba sin la ayuda del bastón, puesto que necesitaba las dos manos para portar
la bandeja con el pavo humeante. El pavo cayó al suelo, la tía-abuela sobre él
y enseguida se oyeron sus gritos:
-Mi cadera, estas estúpidas niñas me han vuelto a romper la
cadera. Sabía que no tenía que venir.
Intentaron levantarla, pero sus gritos de dolor les
hicieron desistir.
-Podrías ayudarnos, en lugar de beber tanto- dijo su hermano
mirando hacia el suelo.
Al escucharle se atragantó con el licor, puesto que su
frase le provocó una carcajada en el justo momento en el que estaba tragando.
Su hermano ordenó a las gemelas que permaneciesen al lado
de la tía-abuela (adinerada viuda sin descendencia) mientras él llamaba a
urgencias. Éstas comenzaron a picotear trozos de pavo que asomaban por debajo
de la tía-abuela Remedios. La abuela, harta de su falta de protagonismo y
viendo que las niñas estaban comiendo, exigió a su cuñada que le sirviese su
ración de pavo. Aprovechando su desconcierto le metió mano buscando con los
dedos la textura de sus bragas. Se levantó indignada pegándole un bofetón. Su
hermano se acercó a ellos con cara de odio y cuando pensaba que le iba a dar
otro bofetón comenzó a chillarle a su mujer:
-¡Eres una puta!, siempre con esas faldas para provocar a
depravados como éste.
-Y tú eres un imbécil, no te aguanto ni un minuto más. ¡Que
sepas que estoy embarazada!- contestó ella mientras cogía el bolso y la
chaqueta y abandonaba la casa de la abuela.
Cuando llegaron los del Samur ya había acabado con la
botella de cazalla, se encontraba muy mareado y cansado de reír. Los dos
camilleros subieron a la tía-abuela Remedios a la camilla mientras ella
insultaba a toda la familia:
-¡Hijos de puta! No vais a heredar nada. Sois unos hijos de
puta.
Una carcajada
repentina, más fuerte que todas las anteriores provocó el peor de los
desenlaces: comenzó a vomitar sobre el mantel de seda bordado por su propia
abuela, poniéndolo todo perdido. Cuando pudo parar de reír y de vomitar se
limpió la boca con una servilleta a juego con el mantel y se despidió hasta el
año próximo convencido de que esas serían sus mejores Navidades.
jueves, 19 de diciembre de 2013
Una ligera cojera
Una
ligera cojera delataba algún defecto en su pierna izquierda. La observé
mientras pasaba por delante del banco en el que me encontraba sentado;
arrastraba los tacones de dos centímetros de los zapatos haciendo sonar las
piedras del asfalto y dejando un imperceptible rastro. Un bastón de madera con
la empuñadura de marfil le ayudaba a equilibrar su cuerpo cada vez que se
tambaleaba recordando a un hipopótamo y una tortuga al mismo tiempo. La falda
bailaba de izquierda a derecha y el abrigo de pieles le confería un aspecto
demasiado aristocrático, de no ser por los pelos alborotados y anudados de su
cabeza. El olor a perfume caro se esparcía alrededor de ella cinco metros a la
redonda, como un halo luminoso. Se la veía limpia. Imaginé las dificultades que
tendría para asearse cada mañana. Quise pensar que no recibía ningún tipo de
ayuda. Sonaría el despertador, se despertaría maldiciendo sus molestos dolores
verticales y su edad; poco a poco se incorporaría dirigiéndose al baño para
vaciar todo el líquido retenido en la vejiga durante la interminable noche.
Después apoyándose en la pared levantaría una pierna para entrar en la bañera y
comenzar a recibir el purificante chorro de agua caliente. Para finalizar un
giro de la llave enfriaría gradualmente la temperatura del agua devolviendo la tersura
perdida de unos senos ya descolgados. En la cocina, el café con leche y la
tostada de mantequilla y mermelada serían su último ritual antes del paseo
diario. El café caliente y el contacto de la tela raída de la bata con su piel
irían haciéndola entrar en calor. La dolorosa acción de vestirse le haría
maldecir, nuevamente, su edad. Y así comenzaría su paseo por el barrio de
Salamanca hasta la cafetería Santa Bárbara en la que un cognac le haría
recuperar la perdida tensión arterial.
Nunca
me ha mirado, yo sé que sabe que estoy ahí, que viene para verme, igual que yo
a ella. De la misma forma que yo he adivinado sus hábitos ella lo habrá hecho
conmigo, así que sobrarán las explicaciones, como si nos conociésemos de toda
la vida. Ella sabrá –sabe– que rasco mis manos con un cepillo para eliminar
cualquier resto de suciedad, que también uso la misma ropa cada día, que me
gusta acabar la ducha con un chorro de agua fría que encoja mis genitales hasta
hacerlos desaparecer. Meo un líquido que cada día es más rosado. Tomamos el
café sin decirnos una palabra. Yo camino más rápido, por eso llego antes que
ella al banco y la espero.
Hoy
deseo que me mire y que me ofrezca su brazo para que finalicemos el paseo
juntos, pero sé que no ocurrirá. La sujetaría dándole más seguridad que el
bastón. Le contaría lo enamorados que estuvimos, nuestra vida juntos hasta que
se convirtió en ese bebé ultrasenecto –como diría José Emilio Pacheco en Tierra
incógnita– que únicamente me sonríe cuando le doy un beso al acostarnos.
Siento
una presión asfixiante en la vejiga, pero no debo pensar en mí; eso tendrá que
esperar un tiempo.
Me
levanto y la sigo, oliendo ese embriagador perfume, siempre el mismo. Cuando
llegue al final de la calle se sentirá perdida y aceptará mi ayuda para que la
devuelva, entre lágrimas, a su casa.
lunes, 25 de noviembre de 2013
CANIBAAL en SEVILLA
domingo, 10 de noviembre de 2013
La entropía del sueño del loco
Me
siento violentado, tomado por la fuerza, perversamente violado por mis propios
pensamientos, locos pensamientos que me invaden cada noche desde hace 1465
días; no duermo, conciliar el sueño más de diez minutos seguidos es algo que ya
ni recuerdo; he leído que se puede morir por falta de sueño, se comienza dando
la mano a la locura para luego abrazar la muerte, ¡mentira!, si por lo menos me
hubiese vuelto loco; lo he probado todo: tranquimazin, diacepan, orfidal,
marihuana, cocaína, todo junto, ¡y nada!, los pensamientos vuelven a mí,
siempre los mismos, una repetición de la misma escena, sin imágenes ni
sonido,…, el vacío; es un pensamiento hueco, un pesado pensamiento con
características magnéticas que me atrae, atrapa y atosiga a todas horas desde
que cierro los ojos; los párpados pesan, pesan mucho y echan el cierre y ya
está ahí el agujero negro que hace temblar primero los dedos de los pues a
ritmo de tic, de tic-tic, y luego la pierna y todo el cuerpo compulsivamente, con
pulso del tic-tic de una bomba de
relojería que está a punto de estallar y llevárseme por delante a mí y a mis
pensamientos y al puto agujero negro, originando un egobig-bang que da comienzo a un universo propio y a un nuevo
pensamiento que ya está ahí, cogiendo peso, engordando, ensuciándose,
ennegreciéndose, ensuciándose, tomándome a la fuerza nuevamente, a su ritmo; es
entonces cuando creo que me duermo y bang,
me despierto: un nuevo estallido el puto agujero negro que vuelve a formarse a
partir de mi propio pensamiento ese que no sé definir lo he probado todo
tarnquimazin diacepan orfidal marihuana cocaína tic-tac bang vuelta a empezar: me siento violentado, tomado a la
fuerza, perversamente violado por mis propios pensamientos, locos pensamientos,
loco, loco, loco,…, los ojos abiertos observando la oscuridad plasmada
entrópicamente en el techo de mi habitación, esa entropía que crea destruyendo;
el big-bang, el tic-tac, el tic, el bang, el final, el comienzo: me siento
violentado, tomado por la fuerza, perversamente violado por mis propios
pensamientos, locos pensamientos, loco.
lunes, 28 de octubre de 2013
PRESENTACION CANIBAAL
Que la presentación de una revista consiga convertirse en dos días de locura y aflorar de sentimientos sólo se puede catalogar como un éxito.
El jueves 24 presentamos en la galería Imprevisual
El viernes 25 en el Carme teatre
Qué mejor que unas imágenes para convencer al lector de que estoy en lo cierto y no sólo es paternalismo hacia el hijo/proyecto.
Gracias a todos!!
El jueves 24 presentamos en la galería Imprevisual
El viernes 25 en el Carme teatre
Qué mejor que unas imágenes para convencer al lector de que estoy en lo cierto y no sólo es paternalismo hacia el hijo/proyecto.
Gracias a todos!!
miércoles, 23 de octubre de 2013
Presentación Revista CANIBAAL
Este jueves 24 a las 20:00h tendrá lugar un asombroso diluvio artístico en la Galería Imprevisual.
"Revista Canibaal abre sus fauces de seda, mientras olisquea a lectores a los que hincar el colmillo. Oferta: Pensamientos en Estado Líquido/ Breve Historia de Simulacros Poéticos/Patológicos Horizontes Artísticos/ Oscura Vida Radiante de la Literatura. CANIBAAL, déjense masticar"
Presentación oficial de la revista Canibaal, una revista "impresa" de Arte y literaturA al alcance de todos.
Y el viernes 25 en el Carme Teatre
"Revista Canibaal abre sus fauces de seda, mientras olisquea a lectores a los que hincar el colmillo. Oferta: Pensamientos en Estado Líquido/ Breve Historia de Simulacros Poéticos/Patológicos Horizontes Artísticos/ Oscura Vida Radiante de la Literatura. CANIBAAL, déjense masticar"
Presentación oficial de la revista Canibaal, una revista "impresa" de Arte y literaturA al alcance de todos.
Y el viernes 25 en el Carme Teatre
martes, 15 de octubre de 2013
Milagro
El columpio iba y venía emitiendo un sonido
quejumbroso. Iba y venía, iba y venía; algo así como grñic. Jesús, sentado en
él, disfrutaba del balanceo, recordando, a buen seguro, cuando le dormía en mis
brazos, meciéndolo con cuidado como si fuese una frágil muñeca de porcelana
alemana. Con mucho cuidado, yendo y viniendo.
Se hubiese dormido de no ser por la
aparición de una ardilla gigante, de dos metros, deforme, como si se tratase de
una inclusión surrealista. No era así, más bien se trataba de un apunte
publicitario. Una ardilla que repartía dípticos que anunciaban una clínica
odontológica. La ardilla, con mirada esquizofrénica de plástico, se acercaba a
mi hijo, a Jesús, y Él la miraba con los mismos ojos que deben ponerse ante una
aparición mariana. Difícil definir esa mirada. Una mirada de asombro,
ingenuidad, sorpresa, miedo, angustia, incredulidad y, también, deseo. El
enorme peluche, nada más ver esos ojos, comprendió qué estaba pensando el niño
Jesús y únicamente deseaba complacerle. El roedor estaba dispuesto a hacer todo
lo que el niño quisiese. El columpio seguía acercándose a la ardilla y
alejándose con una cadencia contagiosa. Ésta estaba siendo poseída, en ese
humilladero improvisado, por las metafóricas idas y venidas. Las bolas de
metacrilato incrustadas en sus cuencas de lana se dieron la vuelta –quedándose
en blanco- al mismo tiempo que una ráfaga de viento hacía volar sobre ellos los
dípticos coloreados como aviones de confeti o fuegos de artificio. El columpio
cada vez más alto; Jesús se elevaba, empujado por una fuerza sobrenatural,
hasta los cielos, para luego descender
nuevamente hasta la tierra, al lado de la ardilla, la descomunal
ardilla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















