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lunes, 30 de septiembre de 2013

Pájaros en la cabeza



Dolor de cabeza, pájaros circulando con impunidad por entré las culebrillas neuronales, quizá está dormida. No lo sé. Las ávidas aves picotean sus huesos como deseando escapar. Picotean y duele. Tiene que doler, pienso. Debe ser una putada que se te metan pajarillos en la cabeza y que, una vez ahí dentro, quieran huir, y que no sepan dónde está la salida, y que, quizá por eso, te picoteen los huesos causándote dolor; un dolor que está dentro de ti pidiendo salir. Sé que penetraron por su orificio más caliente, los pajarillos, su sexo. Por esa cálida carne tan apetecible. Y todo por esa manía suya de amar.
Los pajarillos, ahora, la conocen mejor que yo; han recorrido sus adentros, y quieren escapar, ¿por qué? ¿No es eso lo que querían? Estar dentro de ella. Sé que está sufriendo, sin embargo no es capaz de juntar las piernas. No podrán escapar, las paredes cálcicas son demasiado duras para esos diminutos picos rojos como la sangre. Los romperán contra ellas causando, únicamente, más dolor. Sus ojos me observan suplicando ayuda. Debo hacer algo por ella, algo contundente. Es su mirada en blanco y negro la que me convence de que tengo que abrir la jaula, seguir adelante. ¡Tanto la quise! Pero no la entendí. Esa necesidad suya... La mirada se pixeliza, se deconstruye infantilizándose. Atemorizada pide perdón. Es en esos mismos ojos donde veo que ya es tarde; demasiado tarde para nosotros. En esos mismos ojos en los que me veo reflejado con miedo.
La cárcel ya está abierta, no existen los ojos inquisidores y la habitación se llena de pájaros de colores que son ella.

martes, 23 de julio de 2013

Orgasmetamorfosis


Caminaba por la oscuridad. Porque sí. 
Era ella la que caminaba y no yo, 
ya que yo me hallaba agazapado en el rincón de un árbol. 
En ese preciso instante percivimos 
la luna desparramarse sobre nosotros como una estrella eyaculante. 
Millones de luciérnagas de esperma caían sobre nuestras cabezas 
mojándonos el cabello; cientos de ellas. 
Me las sacudí con la palma de la mano 
como quien se despereza la caspa. 
Todas a mi alrededor alumbraban el miedo que me hacía temblequear.
Y ella se acercaba por la ladera del río que ahogaba a los insectos, 
chasqueando y claqueando sus brillantes armaduras al pasar, 
avisándome, con esa melodía hitchcocktiana, de su proximidad. 
A cada poco más cerca. 
Mucho. 
Fue entonces, lo recuerdo bien, 
cuando una manzana cayó de la sombra del algarrobo, 
aplastando una espiga que liberó de su yugo a miles de granos bíblicos 
que huyeron asustados 
para descubrir las fauces de las pocas luciérnagas 
que habían escapado de la disciplina militar de los zapatos rojos de tacón 
(de ella). 
Y yo quieto, 
silencioso, 
moviendo tímidamente los pies para alejar la luz de la sombra del algarrobo. 
La manzana, que ahora estaba bajo mi piel, 
latía con fuerza, 
al mismo ritmo que los crujidos de los caparazones, 
dificultando mi labor investigadora. 
Tres cracs más y ella estuvo frente a mí. 
La redonda fruta dejó de latir podrida por la impresión 
de la visión de la hembra desdentada que abría la boca para devorarnos 
(a mí y a la manzana). 
La -ella- oruga comenzó su tarea 
sin pestañear con esos largos alfileres que la mantenían, ahora, paralizada en el papel. Movía lentamente su mandíbula para proceder 
mientras que yo me dispuse a comenzar la disección 
con un afilado bisturí hinchado de sangre. Se cubrió el rostro, 
avergonzada por dar salida a esos impulsos tan bajos. 
Y batió sus alas de mariposa en la otra parte del manzano
 desencadenando un orgasmo en esta mi sombra. Nunca más la he vuelto a ver.


sábado, 29 de junio de 2013

PajarilloLorca



Un pajarillo se posó en el balcón.
Mi corazón tendría la forma de un zapato-dijo.
Yo me quedé sorprendido, y pensé: un pajarillo. Le pregunté que qué decía.
si cada aldea tuviese una sirena.
Se trataba de un pajarillo-cocodrilo.
Pero la noche es interminable cuando se apoya en los enfermos-continuó.
No me sorprendió que, de repente, estuviese hablando con un pajarillo tan diminuto -¿De dónde has venido?
y hay barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos.
Me acerqué para verlo mejor. Se trataba de un insecto. Estuvimos hablando durante unos minutos.
Deliciosos minutos.

Pero no la luna.
Qué repulsión -pensé para mis adentros.
Los insectos,
los insectos solos,
Brillante era la noche. Un destello era repelido por ese ovalado caparazón de insecto.
crepitantes, mordientes, estremecidos, agrupados,
y la luna
En su caparazón se podía observar el astro reluciente.
con un guante de humo en la puerta de sus derribos.
Levanté la mano hacia ese brillante satélite sin luz propia.
¡¡La luna!!
Y de un golpe tremendo lo aplasté contra la barandilla, al pajarillo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Te imaginas















Imagina una ciudad a contraluz
un tísico rayo tamizado por nubes de esperma
abriéndose paso entre los reflejos grises de la gente
inseminando cada sombra vacía de nada
nadando contra todos, también contra ti
y nadeándote

Imagina, ya que aquí todo es posible
que te inunda un río de partículas
diminutas, intrépidas y curiosas,
invisibles
colmándote cada vez que quieres protestar
particularizándote

Si después de eso todavía te atreves:
Imagina el ocaso apagando la bombilla
bombeando litros de partículas de nada,
negras,
contagiándote de su pastosa negritud
ocasionándote

Imagina por fin, que todo eso existe
que te nadean
te particularizan
y te ocasionan
¿no es cierto que todo tiene
un último sentido?

lunes, 15 de febrero de 2010

Qué pasaría

Qué pasaría si te dijera que te detuvieses
para ver cómo caen las hojas del árbol
empujadas por el tímido resoplido de Céfiro,
si observases la bruma del mar
estrellándose contra ti hasta respirar su sal
o que las Nereidas te raptasen,
si ascendieses la montaña helada
blanqueándote junto a ella
hasta llegar a las mismas puertas del Hades.
Qué pasaría si te regalase una flor
a ti que estas leyendo mi poema,
si te dijera que no creyeses
en los infiernos de Godard
ni tampoco en sus paraisos,
si te dijera que todo depende de ti.

¿Qué pasaría?

domingo, 29 de noviembre de 2009

PIES



Miraba los pies
¿Alguna vez han mirado los pies de la gente

( en una sala de espera)?


Los pies hablan
los hay inquietos, estáticos, gordos y largos,
los hay forrados
y calurosos,
los hay simpáticos, graciosos, incluso serios.

Si miras los pies no te hace falta mirar
nada más.

No se lo creerán, pero viéndolos
sé lo que me voy a encontrar
(más arriba).

domingo, 15 de noviembre de 2009

Réquiem por Mahmadou


Sus ojos miran al cielo
circunspecto, anhelante
El mar baila a un ritmo
que nadie le ha marcado
El vaivén desvaneciendo
ilusiones largamente
mantenidas en la sombra
Y la mirada perdida


El recuerdo atenaza,
el futuro le mantiene
asustado, acuclillado.
Se disuelve en la madera
que desliza traidora
horizontes de futuro
tiritando de alegría
Y la mirada perdida


Ancestros en el corazón
Promesas aún latentes,
olvido difuminado
El despertar aterrador:
sirenas amenazantes
de un amor denegado
alzan muro de desdicha
Y la mirada perdida.


Fundidos y refundidos
La madera no aguanta,
el miedo ahora se moja
Su grito loco de auxilio
entre algas ahogado
Se desvanece la ilusión
desde el infinito abismo
Y su mirada perdida.

viernes, 13 de noviembre de 2009

requiem por el mundo


Tímido resoplido, el viento
huyendo de su lacerante prisión
Débil tintineo, las gotas
escapando de la furia furiosa

Volvió su corteza a chirriar
Sudaron las piedras sus penas
con fantasiosa añoranza,
mirando de frente su espanto
que en el espejo temblando
se difuminaba impreciso


Quizá aún no lo sabíamos
Se escaparon los pedazos
entre los dedos temblorosos
Se escurrió el algodón con rabia
El infinito amarillo fue
egoista y despiadado


Y lloro junto a ti otra vez
Tu aroma carnoso mojado
de aquella inacabada noche
se congelará en mi limbo
me abandonará tiritando
Imperdonable asesinato

¿Por qué te fuiste?, me pregunto
Y aún hoy ando desnudo, descalzo
destruyendo mi turbia sombra
a cada paso que, muerto, paseo

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