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lunes, 25 de noviembre de 2013

CANIBAAL en SEVILLA

El bailaor contemporáneo Amador Rojas es un camaleón. Su ojos atentos y salvajes le confieren una sensibilidad disruptiva, manifestada en propuestas vanguardistas. Déjense se mecer por la sensualidad y el buen hacer de este canibaal del compás!

domingo, 10 de noviembre de 2013

La entropía del sueño del loco



Me siento violentado, tomado por la fuerza, perversamente violado por mis propios pensamientos, locos pensamientos que me invaden cada noche desde hace 1465 días; no duermo, conciliar el sueño más de diez minutos seguidos es algo que ya ni recuerdo; he leído que se puede morir por falta de sueño, se comienza dando la mano a la locura para luego abrazar la muerte, ¡mentira!, si por lo menos me hubiese vuelto loco; lo he probado todo: tranquimazin, diacepan, orfidal, marihuana, cocaína, todo junto, ¡y nada!, los pensamientos vuelven a mí, siempre los mismos, una repetición de la misma escena, sin imágenes ni sonido,…, el vacío; es un pensamiento hueco, un pesado pensamiento con características magnéticas que me atrae, atrapa y atosiga a todas horas desde que cierro los ojos; los párpados pesan, pesan mucho y echan el cierre y ya está ahí el agujero negro que hace temblar primero los dedos de los pues a ritmo de tic, de tic-tic, y luego la pierna y todo el cuerpo compulsivamente, con pulso del tic-tic de una bomba de relojería que está a punto de estallar y llevárseme por delante a mí y a mis pensamientos y al puto agujero negro, originando un egobig-bang que da comienzo a un universo propio y a un nuevo pensamiento que ya está ahí, cogiendo peso, engordando, ensuciándose, ennegreciéndose, ensuciándose, tomándome a la fuerza nuevamente, a su ritmo; es entonces cuando creo que me duermo y bang, me despierto: un nuevo estallido el puto agujero negro que vuelve a formarse a partir de mi propio pensamiento ese que no sé definir lo he probado todo tarnquimazin diacepan orfidal marihuana cocaína tic-tac bang vuelta a empezar: me siento violentado, tomado a la fuerza, perversamente violado por mis propios pensamientos, locos pensamientos, loco, loco, loco,…, los ojos abiertos observando la oscuridad plasmada entrópicamente en el techo de mi habitación, esa entropía que crea destruyendo; el big-bang, el tic-tac, el tic, el bang, el final, el comienzo: me siento violentado, tomado por la fuerza, perversamente violado por mis propios pensamientos, locos pensamientos, loco.

lunes, 28 de octubre de 2013

PRESENTACION CANIBAAL

Que la presentación de una revista consiga convertirse en dos días de locura y aflorar de sentimientos sólo se puede catalogar como un éxito.
El jueves 24 presentamos en la galería Imprevisual
El viernes 25 en el Carme teatre
Qué mejor que unas imágenes para convencer al lector de que estoy en lo cierto y no sólo es paternalismo hacia el hijo/proyecto.









Gracias a todos!!

miércoles, 23 de octubre de 2013

Presentación Revista CANIBAAL

Este jueves 24 a las 20:00h tendrá lugar un asombroso diluvio artístico en la Galería Imprevisual.

"Revista Canibaal abre sus fauces de seda, mientras olisquea a lectores a los que hincar el colmillo. Oferta: Pensamientos en Estado Líquido/ Breve Historia de Simulacros Poéticos/Patológicos Horizontes Artísticos/ Oscura Vida Radiante de la Literatura. CANIBAAL, déjense masticar"

Presentación oficial de la revista Canibaal, una revista "impresa" de Arte y literaturA al alcance de todos.

Y el viernes 25 en el Carme Teatre


martes, 15 de octubre de 2013

Milagro



El columpio iba y venía emitiendo un sonido quejumbroso. Iba y venía, iba y venía; algo así como grñic. Jesús, sentado en él, disfrutaba del balanceo, recordando, a buen seguro, cuando le dormía en mis brazos, meciéndolo con cuidado como si fuese una frágil muñeca de porcelana alemana. Con mucho cuidado, yendo y viniendo.
Se hubiese dormido de no ser por la aparición de una ardilla gigante, de dos metros, deforme, como si se tratase de una inclusión surrealista. No era así, más bien se trataba de un apunte publicitario. Una ardilla que repartía dípticos que anunciaban una clínica odontológica. La ardilla, con mirada esquizofrénica de plástico, se acercaba a mi hijo, a Jesús, y Él la miraba con los mismos ojos que deben ponerse ante una aparición mariana. Difícil definir esa mirada. Una mirada de asombro, ingenuidad, sorpresa, miedo, angustia, incredulidad y, también, deseo. El enorme peluche, nada más ver esos ojos, comprendió qué estaba pensando el niño Jesús y únicamente deseaba complacerle. El roedor estaba dispuesto a hacer todo lo que el niño quisiese. El columpio seguía acercándose a la ardilla y alejándose con una cadencia contagiosa. Ésta estaba siendo poseída, en ese humilladero improvisado, por las metafóricas idas y venidas. Las bolas de metacrilato incrustadas en sus cuencas de lana se dieron la vuelta –quedándose en blanco- al mismo tiempo que una ráfaga de viento hacía volar sobre ellos los dípticos coloreados como aviones de confeti o fuegos de artificio. El columpio cada vez más alto; Jesús se elevaba, empujado por una fuerza sobrenatural, hasta los cielos, para luego descender  nuevamente hasta la tierra, al lado de la ardilla, la descomunal ardilla.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Pájaros en la cabeza



Dolor de cabeza, pájaros circulando con impunidad por entré las culebrillas neuronales, quizá está dormida. No lo sé. Las ávidas aves picotean sus huesos como deseando escapar. Picotean y duele. Tiene que doler, pienso. Debe ser una putada que se te metan pajarillos en la cabeza y que, una vez ahí dentro, quieran huir, y que no sepan dónde está la salida, y que, quizá por eso, te picoteen los huesos causándote dolor; un dolor que está dentro de ti pidiendo salir. Sé que penetraron por su orificio más caliente, los pajarillos, su sexo. Por esa cálida carne tan apetecible. Y todo por esa manía suya de amar.
Los pajarillos, ahora, la conocen mejor que yo; han recorrido sus adentros, y quieren escapar, ¿por qué? ¿No es eso lo que querían? Estar dentro de ella. Sé que está sufriendo, sin embargo no es capaz de juntar las piernas. No podrán escapar, las paredes cálcicas son demasiado duras para esos diminutos picos rojos como la sangre. Los romperán contra ellas causando, únicamente, más dolor. Sus ojos me observan suplicando ayuda. Debo hacer algo por ella, algo contundente. Es su mirada en blanco y negro la que me convence de que tengo que abrir la jaula, seguir adelante. ¡Tanto la quise! Pero no la entendí. Esa necesidad suya... La mirada se pixeliza, se deconstruye infantilizándose. Atemorizada pide perdón. Es en esos mismos ojos donde veo que ya es tarde; demasiado tarde para nosotros. En esos mismos ojos en los que me veo reflejado con miedo.
La cárcel ya está abierta, no existen los ojos inquisidores y la habitación se llena de pájaros de colores que son ella.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El final



Nuevamente escuchaba voces en el pasillo. La sola idea de que fuese Erminia me hacía temblar. Gotas frías como la muerte humedecían mis rígidas ingles. Debo confesarte que hubo un tiempo en que me alegraba cuando oía el sonido grave de su voz por la casa. Erminia es de esas mujeres que se hacen notar. Hace unos minutos que no la escucho, puede que todo esté en mi cabeza; ¿crees que debería hacérmelo mirar?, un médico, quiero decir. Un discípulo de las teorías de Freud. Recuerdo perfectamente el día que conocí a Sigmund, pensé que era demasiado serio y altivo como para seguir relacionándome con él, además no le gustaba mi poesía. Me da pánico, como si estuviese en un escenario, desvelar todo lo que pienso. Creo que todos estamos un poco locos. ¿Quién no ha escuchado voces alguna vez en su vida? Levanto la pluma del papel para concentrarme en el finísimo fondo decibélico y ella se me vuelve a mostrar. Mantengo, por un momento, los ojos cerrados -no sé el tiempo que ha pasado, pudiera ser una vida- y parece como si la estuviese oliendo. El aroma que desprendía la piel de Hortensia no es fácil de olvidar. Y lo he intentado; créeme que lo he intentado. Lo único que me da algo de paz es escribir. Permanecer recluido en mí mismo; apartado de este mundo. Puede que eso fuera lo que hizo que Marisa se alejase. El silencio. Tanto silencio, días, meses. Puede parecer curioso que su ausencia me haya enseñado que la escritura me ha dado lo mismo que me ha quitado, que, siendo mi vida, también ha supuesto el final de la misma. Iba a decir que te reto a que cojas mi pluma  y te pongas a escribir. Sí, lo primero que se te ocurra, con mi pluma -suena tan pretencioso retar a alguien, tan antiguo- me conformo con que me sigas leyendo. Hace tiempo que mi cabeza permanece quieta. Y todo por ti, para no dejar de escribir. Ni cuando noto el tacto de los dedos de Clorinda recorrer mi piel fría, ni entonces, soy capaz de soltar la pluma. Me debo a ti. Virginia coloca sus dos manos alrededor de mi cuello, no lo impido, aprieta con todas sus fuerzas. Bajo la mirada y compruebo que la tersura de la piel alimonada de Clotilde es la misma de todos los días. No aprietes tanto, déjame acabar este relato -pienso. Leonora entiende que es de vital importancia que termine de escribir aquello que he empezado, por eso desaparece dejando una estela de odio a mi espalda. Siempre he sabido que acabaría odiándome, no podía ser de otra forma. Ahora mismo tengo la sensación de que no seré capaz de acabar, que todo se quedará aquí, sin un final que le de sentido y nos haga pensar a los dos, a ti y a mí, que la escritura es algo que merece la pena, necesario, una razón más por la que morir; quizá debas ponérselo tú, el final.

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