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sábado, 17 de diciembre de 2011

Soy un Mini-Yo

El gurú de la CEOE pedía el otro día, sin ningún tipo de rigor, despidos administrativos y un nuevo tipo de contrato que ya se había probado con éxito en Alemania. ¿Cuándo entenderán nuestros avispados dirigentes que el carácter mediterráneo en nada se parece al teutón?

Se trataría de un trabajo a media jornada (mini-jornada, si se quiere), con un salario reducido, muy reducido (mini-salario) y destinado a aquellas personas que se encuentran desempleadas (mini-personas). Estas palabras fueron recogidas por los medios de comunicación (entendidos?) y los políticos (desentendidos) con mini-alegría. No anda muy desencaminado el Sr Rosell -se comentó- en Alemania fue un rotundo éxito -dijeron otros.


Cuando el río suena...

Esta mañana me he levantado angustiado porque lo que creía que formaba parte de una pesadilla era más real que yo mismo. He empequeñecido, menguado, disminuido, decrecido. En fin, me he convertido en un mini-yo.

Al ver mi imagen reflejada en el espejo, no me reconozco. Veo una persona encorvada, entristecida, abatida y, lo que es peor, resignada.

Así que, una vez en la calle, me descubro dirigiéndome, con paso titubeante, a mi nuevo trabajo. En el mini-job veo otras personas similares andando por los pasillos; llevando correspondencia de una mesa a otra, haciendo fotocopias trepando a las sillas, portando una enorme bandeja con cafés. Pese a la alegría que deberían mostrar por disponer de un mini-job y un mini-salario que les permita disfrutar de una mini-vida digna, ninguno de ellos sonríe.

Pienso, me pregunto si acondicionarán el mundo a nuestro nuevo estado. ¿Y el Estado al nuevo Mundo?.

Me refiero: ¿edificarán mini-casas a mini-precios para estas mini-personas?¿construirán mini-vehículos?¿fabricarán mini-empaquetamientos para no desperdiciar la comida o manipularán genéticamente ésta para darle un tamaño acorde con nuestra nueva condición de enanos?



En resumidas cuentas: ¿nos confinarán en mini-ciudades (me viene a la memoria el guetto de Varsovia), para que nos relacionemos únicamente entre nosotros y disfrutemos de una mini-mierda preparada con toda la sensatez democrática que se les ha ocurrido a aquellos sobre los que (como ellos bien dicen) hemos depositado nuestro voto y confianza?

Lo hacen por nuestro bien, ya lo sé, pero me queda una última duda:

¿Nos quemarán?

lunes, 12 de diciembre de 2011

La desaparición como Arte

Todos tenemos la necesidad, alguna vez en la vida, de sumergirnos en nosotros mismos, de bucear en nuestro interior y sorprendernos al descubrir ese yo que no sabíamos que existía, escarbar en el fondo del agujero negro en el que nos vamos convirtiendo con el paso de los años y ver que todavía existe un rayo intentando escapar de él.
Unos más que otros necesitan (necesitamos) hacerlo con más asiduidad. Del encuentro con mi otro yo, ese que tanto admiro y recelo, ese al que no dejo salir más que en la intimidad, surge la inspiración y el valor necesarios para coger una pluma, ya reseca, y conseguir que vuelva a escupir palabras humedecidas por el éxtasis y la tinta.


. ilustración: Carlos Díez




A veces, esa necesidad es tan grande que consigue que lo abandones todo. te obliga a huir (¿huir, digo? esa no es la palabra adecuada, aunque sea visto de esta forma, más que de una huida se trata de una desaparición).

Cuando Hvulac se encuentre con Yhma y con el baúl repleto de letras, desesperación y soledad, y ésta le pregunte por qué Anatol ha huido, él le responderá que simplemente ha desaparecido.
En este relato de Vila-Matas "El arte de desaparecer" se pone de manifiesto la fuerte e inevitable necesidad de desaparecer (no huir) que tiene Anatol. De hecho es un acto de valentía. ¿O quizá Yhma sabía que Anatol, algún día, se marcharía porque ese era su destino?


Cuando en ese espacio "relativamente" deformado, que nos rodea, confluyen la búsqueda con el valor, es cuando la desaparición se acerca a la pluma y le susurra cantos de sirena.

lunes, 5 de diciembre de 2011

¡Borrasca, tormentas y un Jamón!




No me deja de llamar la atención el carácter lazarillesco que tenemos los españoles, siempre buscando en qué punto podemos engañar al vecino sin llegar a saltarnos la norma (o por lo menos que esto no sea muy evidente).




El tribunal de justicia de la Unión Europea condena a España por no haber tomado medidas para evitar que las cadenas televisivas rebasen el limite de publicidad (impuesto en 12 minutos cada hora) que fija la legislación comunitaria.

El fallo concluye que los publirreportajes, los anuncios de telepromoción, los anuncios publicitarios de patrocinio y los microespacios publicitarios deben ser considerados como anuncios publicitarios y computar para esos doce minutos.

El tribunal de justicia señala que la protección de los consumidores (telespectadores) frente a la publicidad excesiva constituye un aspecto esencial del objetivo d ela directiva, y considera que cualquier tipo de publicidad televisiva emitida entre programas o durante los intermedios constituye un "amaño publicitario".




¿Cuál es nuestra respuesta ante esta sentencia? Pues está claro, introduzcamos el propio anuncio dentro del programa. Que el presentador (tanto da que sea de un reality, como de un programa de entretenimiento, de un concurso o de un telediario) sea quien haga de pluriempleado publicitario. Esta práctica es igual de engañosa que la anterior, es inmoral y roza los límites de la legalidad. Además de resultar totalmente ridícula.

No resulta extraño ver a Jordi González anunciando cualquier producto o incluso a la inmerecidamente encumbrada a "su gloria" Belén Esteban haciendo lo propio, pero me resulta cuanto menos paradójico ver al equipo del Gran Wyoming anunciando seguros o incluso a la chica del tiempo publicitando, después de contarnos qué va a ocurrir con la climatología, un jamón Navidul.

A aquellos que teníamos la televisión como un electrodoméstico informativo nos obligan a dejarla de lado. La falta de coherencia de un reducido número de programas ha desaparecido con esta imposición aceptada (dudo que a regañadientes).

Cuando Thais Villa pasa de ironizar sobre lo embobada que vive la sociedad actual abducida por el sistema a ser ella la abducida por los seguros ING, sin mostrar ni una mueca que demuestre que le apuntan con un revolver en la sien si no lo hace, resta cualquier tipo de credibilidad al anunciante y el anunciado.